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“COMO VIVIR UNAS NAVIDADES DIFERENTES” (LAICOS DE MANISES)

DSC_0013 (640x428)Vivencias de jóvenes de la Parroquia Inmaculado Corazón de María

La verdad es que yo no me imagino a S. Luis Orione yendo desesperado en Navidades…de un sitio a otro comprando regalos. Más bien me lo imagino estando atento, siempre, a las necesidades de los más necesitados…y esta ha sido mi experiencia de estos días… Así pues, entre el 26 y el 29 de diciembre, aprovechando que la Congregación trabaja en Madrid con chavales con necesidades especiales (Hogar D. Orione), decidimos vivir estos días de Navidad de otra forma…con nuestra otra familia. Nos fuimos 11 jóvenes, 1 trabajador del Hogar, un sacerdote y 5 chavales “especiales” (Quevedo, Moisés, Corona, Óscar y Santiago). Teníamos el recuerdo de lo vivido en verano, así que la experiencia prometía…estaba equivocado…¡fue mejor!. Fuera de la vorágine del consumismo que reina en estos días, nos centramos en lo esencial…”dar la vida cantando al amor”. Nos sobraron luces, adornos y centros comerciales…una sonrisa, un gesto o un abrazo de estos chavales lo vale todo y te sitúa en la realidad. Como decía S. Orione “todo es grande cuando es grande el corazón que lo da”…y en eso los chavales tienen un Master!

Gracias al Hogar, al entorno (Cercedilla) y a la Congregación, hemos podido vivir esta experiencia tan especial. Ojala sepamos transmitir lo experimentado a nuestra Comunidad de Manises, pues, como decía S. Luis Orione, “En el más miserable de los hombres brilla la imagen de Dios. Quien da al pobre da a Dios”. En nuestras manos está mantener vivo y presente el Carisma de Orione… ¡Ave María y adelante!    (Oscar) 

 

- (Marta, 19 años) Para mí Cercedilla no es una experiencia de servicio como todos lo llaman. Yo no voy a Cercedilla porque crea que tengo que ayudar a nadie, ni porque “pobrecillos” necesitan de mi ayuda. Yo voy a Cercedilla porque necesito su ayuda y necesito sus enseñanzas. Y si aprendiendo de ellos yo les puedo ayudar, pues mejor que mejor.
Ir a Cercedilla con los chicos es una de las oportunidades más magníficas que me regala la vida para crecer como persona.
Ellos hacen que me olvide de todos esos prejuicios y normas sociales. Ellos hacen que me olvide de las opiniones precipitadas que hacemos sobre los demás, porque cada uno tiene su historia y quizás, juzgando antes de tiempo, pierdo la oportunidad de conocer a gente maravillosa. Ellos hacen que me olvide de todos esos conflictos emocionales que nos creamos, estando con ellos no le doy vueltas a porqué uno de los chicos no me ha querido dar un abrazo, simplemente busco otra oportunidad para demostrarle mi cariño, y que si necesita algo, aquí me tiene. Ellos hacen que me olvide de mis miedos y mis preocupaciones, y que tan sólo me concentre en amar al resto. Ellos me enseñan un estilo de vida sencillo, sin preocupaciones, tan solo ocupándonos de lo importante, amar al prójimo. Ellos hacen que dé lo mejor de mí, que me esfuerce en mejorar y seguir adelante. Ellos me enseñan que la vida es dura, pero que hay que seguir hacia adelante y nunca rendirse. ¡Ellos me hacen sentirme feliz!
También, tengo que dar gracias a Dios, porque si no hubiese sido por un loco llamado Don Orione nada de esto existiría, ni yo hubiera podido aprender y disfrutar de esta experiencia.
Sin embargo, creo que ahora el carisma de Don Orione tiene un deber mayor, ayudar a todo el mundo, porque es posible que estos chicos necesiten mi ayuda o la de otra persona, pero simplemente es física. No obstante, salimos a la calle y el mundo está lleno de gente necesitada, porque en esta sociedad sumergida en una crisis de valores, todos necesitamos la ayuda del resto expresada en la fórmula del amor, amor del verdadero, del expresado con sinceridad desde el corazón.
A pesar de todo, doy gracias a Dios por regalarme la vida y poner en mi vida gente tan maravillosa para compartirla.

- (Javier, 17 años) Cercedilla ha sido un regalo caído del cielo para mí; ha sido la oportunidad de conocer de primera mano el carisma orionista. Gracias a mi parroquia y a mi comunidad, he podido compartir mi tiempo con gente que realmente lo necesita. Tanto el tiempo que pasé en verano como el que he pasado en Navidad ha sido un tiempo de reflexión y de darme cuenta de lo que realmente es el amor, la caridad y el servicio; valores que estamos acostumbrados a escuchar pero que muchas veces resultan costosos de llevar a la práctica. Ojalá todo el mundo descubra alguna vez lo que es la entrega total a los demás, tal y como yo he descubierta con estos chicos en Cercedilla. Solo me queda decir que esta experiencia, llena de momentos inolvidables, es un verdadero regalo de Dios que ha cambiado radicalmente mi vida.                  

 

- (Sandra, 22 años) Cuando me propusieron ir a Cercedilla en Navidades me encontré con varios inconvenientes…así que lo deje en manos de la Providencia…al final pude ir. Es mágico el vivir y compartir estas fechas con tu segunda familia. Yo me siento una persona orionista no cuando se celebra el triduo de San Luis Orione o cuando se leen lecturas de él, sino cuando se vive y se comparte experiencias con otras personas “distintas” que me hacen descubrir la dignidad de la vida.             Porque, como bien decía San Luis Orione, sino tenemos caridad no somos nada… y de verdad que es así. Porque un cristiano orionista debe de ser caritativo con el más necesitado. Y repito que mis experiencias orionistas las he podido vivir en Cercedilla, por eso invito a la gente de nuestra parroquia que conozcan y vivan con profundidad las casas orionistas y sobre todo a nuestro fundador, Padre de la Caridad. Porque si no fuera por él, éstas realidades no serían conocidas.             Por ultimo animaros a todos aquellos que quieran hacer una experiencia en Cercedilla que la hagan, porque las experiencias de Dios son las más bonitas para crecer como persona y con corazón.