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VOLUNTARIOS ORIONISTAS ¡Por un mundo mejor!

Foto grupo (800x600)Este verano tuve la suerte de poder participar del voluntariado que se hace en Cercedilla (Madrid), en unas condiciones un tanto inusuales. Y es que pude compartir estos días con mi familia al completo (mis padres y mis dos hermanos), enriqueciendo mi experiencia al poder trabajar y conocer nuevas facetas de las personas con quien más convivo en mí día a día y a las que más quiero. Durante estos días he podido disfrutar de vivencias que me han permitido conocerme mejor a mí mismo, y mi relación con los demás y con Dios, y estoy muy agradecido por haberlas vivido con mi familia.

Cercedilla es un espacio donde todos los voluntarios estamos en actitud de servir desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. O, como diría Don Orione, somos “trapos de Dios”, al servicio de los últimos y los más necesitados.

Al terminar cada jornada, echaba la vista atrás y me daba cuenta de que las 24 horas de mi día habían estado dedicadas a otras personas, y que apenas había tenido tiempo para pensar en mí. ¡Qué distinto a los cientos de horas malgastadas en mirarme el ombligo! ¡Y qué cansado estaba al terminar el día!

 También es un espacio de convivencia. Convivencia con los usuarios, desde que se levantan y se duchan hasta que se acuestan, pasando por los paseos, la piscina, los tranquilos viajes en coche… Momentos todos completos de interminables conversaciones con Juan y Luis, canciones con Frederick, o sencillamente descubriendo cosas nuevas de cada uno. En todos esos momentos los chicos han sido ejemplo de la sencillez y alegría que tanto me hacen falta aprender.

 Y también convivencia con los voluntarios; desde los veteranos de los que no me canso de aprender, hasta los jóvenes que traemos aire fresco a Cercedilla; todos imprescindibles y únicos, como miembros de la gran familia Orionista. Cabe destacar que este año el equipo de voluntarios ha sido significativamente más grande de lo acostumbrado, con un gran grupo de jóvenes, lo cual ha supuesto dificultades añadidas de organización y gestión, pero ha tenido magníficas consecuencias. Esperemos que la llama que se ha encendido este Cercedilla en el corazón de las nuevas incorporaciones perdure muchos años.

 Si tuviera que ponerle un adjetivo a estas vacaciones sería este: Familiares. No solo porque he estado con mi familia, lo cuál ha sido un gran añadido, sino porque en todo momento y con todo el mundo me he sentido en familia.

 Y es que al final, todos formamos parte de la misma gran familia que es la de Don Orione y la Iglesia.

(Vivencias de un joven voluntario)