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Peregrinación carismática y jubilar a Italia desde España

Grupo ante San Luis OrioneHace poco fuimos de viaje a Italia, pero no hicimos turismo. O, al menos, no el turismo al que estamos acostumbrados ni sobre el que nos preguntan nuestros amigos cuando volvemos.

Muchos de nosotros participamos activamente en las obras orionistas de España, tanto en las parroquias como en las obras de caridad y estamos acompañados, en el día a día, por los sacerdotes orionistas. Es por ello que decidimos unirnos para redescubrir nuestras raíces y reencontrarnos con el carisma de Don Orione.

Del 30 de abril al 4 de mayo nos juntamos laicos, jóvenes y religiosos de Posada (Asturias), Almonte (Huelva), Manises (Valencia) y Madrid, para cumplir este sueño. Nuestro viaje comenzó con un madrugón hacia el aeropuerto y ya en el avión se respiraban unas ganas de dejarse sorprender. Y lo más sorprendente resultó ser la acogida en cada uno de los lugares por los que pasamos. Realmente sentimos que la familia orionista se extiende a lo largo del mundo y no entiende de idiomas ni procedencia.

En Milán nos acogió Luigina, representante local del MLO. Ahí comenzaba la aventura. Con ella descubrimos los humildes orígenes del cristianismo en la ciudad milanesa a la vez que la grandiosidad del Duomo, que nos ponía en perspectiva de la universalidad de la Iglesia. Y caminando alrededor ¡nos topamos con la escultura de Don Orione! Como siempre, acompañando a los más necesitados.

En Pontecurone, ciudad natal de nuestro Santo, nos recibieron y acompañaron Suor Alicja (consejera general de las PSMC) y Armanda (representante local del MLO). Y para nuestra sorpresa, hasta el alcalde nos recibió unos minutos para darnos la bienvenida a ese lugar donde todo empezó.

De allí nos trasladamos a Tortona, y nos alojamos en el centro Mater Dei a los pies de la Madonna della Guardia. En Tortona se encuentra el corazón carismático de la congregación, y realmente se puede sentir a Don Orione en sus calles. Te lo puedes imaginar asomado a esa ventana de su cuarto mirando hacia el interior de la catedral o dando sus últimas Buenas Noches en el Paterno.

Gracias a Suor Alicja, y a la traducción del Padre Avelino, pudimos entender mejor los orígenes de la Congregación, las motivaciones de Don Orione, sus pasiones y sus ganas de salvar todas las almas, dejándose llevar por la Divina Providencia. Fue un orgullo ver cómo en el Piccolo Cottolengo las hermanas, los trabajadores y los voluntarios se dedicaban en cuerpo y alma a los más pobres de entre los pobres. Casi parecía que iba a aparecer Don Orione en cualquier momento a abrazar y bendecir a esos niños. Fue un momento emocionante en el que pudimos sentir la presencia de Dios, porque Dios es caridad (Deus caritas est), y se personificaba todo aquello de lo que siempre hemos oído hablar.

Tras un intenso día conociendo los lugares más significativos (Casa Madre de las Hermanas, Paterno, Duomo, Piccolo Cottolengo) y tantas obras que Don Orione ha realizado, nos quisimos acercar al Santo y conocerle en persona. Peregrinos, religiosas, y voluntarios, compartimos uno de los momentos más bonitos de nuestro viaje. Junto a Don Orione, le pedimos a la Virgen que nos acompañara siempre y que nos cuidara y después le cantamos a él sintiéndonos todos uno.

Sobrecogidos por la emoción, pusimos rumbo a Roma con la intención de recibir el Jubileo de la Misericordia. Ya en la estación de Tortona nos avisaron de que el tren que iba a Milán llegaba con más de media hora de retraso, lo que suponía perder el segundo tren que nos llevaba hasta la capital italiana. Mientras algunos se preocupaban buscando alternativas y “plan B”, otros estaban tranquilos pensando: “Esto es una cosa de Dios. No va a dejar que lo arruine un problema técnico de fácil solución”. Y, efectivamente, llegamos (corriendo) al segundo tren con dos minutos de antelación y entre risas y alabanzas, por fin llegamos a Roma.

En la Curia General nos recibió Don Flavio, Superior General de los Hijos de la Divina Providencia. Sus palabras nos animaban a seguir en este camino de reflexión y reencuentro. Entusiasmados, Don Silvestro nos llevó a conocer Ognissanti, una iglesia de gran relevancia tanto para la Congregación como para la Iglesia. Don Graziano (vicepárroco) nos explicó que fue el primer templo que fundó Don Orione en Roma, siguiendo la misión de Pío X de ir a la “Patagonia”. También representa para la Iglesia el cambio de rito del Vaticano II que acercaba a la gente a Dios, y les hablaba en un idioma que ellos entendían. Fue aquí donde el Papa Pablo VI celebró la primera misa en italiano.

Don Silvestro, con su enciclopédico conocimiento, nos hizo descubrir una Roma que hablaba de la historia de los primeros cristianos. Acompañados también por el padre Eldo, pudimos conocer la Roma que nunca nos habían contado. Por supuesto, no perdimos la oportunidad de alcanzar el Jubileo y atravesamos la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Así reconocíamos que Dios, con su infinita misericordia, siempre nos acoge y nos abre las puertas de la salvación.

Finalmente, y como colofón de este gran viaje, acudimos a la audiencia con el Papa Francisco. ¡Qué emoción ver al Papa tan de cerca! Pero no sólo le sentimos cercano físicamente, sino también al escuchar sus palabras. Nos habló de que tenemos que ser como el Buen Pastor, que deja a 99 ovejas, en cualquier lugar, para ir a buscar a la que está perdida. Nos invitaba a salir al encuentro del que más lo necesita, porque para Dios no hay “casos perdidos”. De nuevo la Providencia se hizo presente, ya que no hay mensaje más orionista que éste que nos lanzó el Papa.

Gracias a todas las personas con las que nos encontramos, pues ha sido un regalo compartir esta peregrinación con vosotros. Gracias a los peregrinos que han apostado por vivir esta experiencia, que nos ha hecho volver reforzados en la fe y en nuestro carisma. Y gracias a San Luis Orione, por cuya intercesión Dios nos ha acompañado en este maravilloso viaje.